jueves, 30 de enero de 2014

Reflexiones sobre asideros.

Simplemente hay noches en las que uno no sabe a dónde agarrarse.                                                       Simplemente hay noches perdidas. Noches perdidas que anuncian días perdidos.                                      Días perdidos que anuncian una vida perdida. Per-di-da.                                                                         Llego a conclusiones brillantes: no hay camino. ¿Pero cómo convenzo al resto del mundo? ¿Cómo me convenzo a mi?...al menos así, una podría dormir.

domingo, 26 de enero de 2014

Ya no me acuerdo. No.


No sé en que momento dejé de hacerle frente a la voz que sale del epicentro de mi cabeza; esa voz que dice "tú no puedes", la misma que dice "tienes miedo". En serio que no me acuerdo. He estado intentando recordar, y nada. Ni siquiera un por qué. Me he llegado a plantear que es hasta una actitud que he tomado por comodidad; hubo un momento como muchas veces nos pasa en esta vida, en que los acontecimientos nos superan, y entonces dices "hoy no puedo, y no pasa nada"...y realmente en ese momento no pasa nada... pero es tan peligroso... yo no sabía que iba a convertirme en esto, no sabía que iba a convertirme en una esclava fiel de la abulia, un párvulo que asiente atemorizado y complaciente ante el hastío y el temor -en definitiva, una niña- Y ahora me cabreo, grito: ¿¡qué ha pasado!?... todo yermo, ni una sola respuesta. Y es tan difícil sacar fuerzas de flaqueza, no saber como empezar a gritarle a esa puta voz que se calle; Recordando esos días en los que no tenías miedo, no tanto, y te aventurabas, porque ¿qué podías perder? Había que intentarlo, a ver si se podía sacar provecho de la situación... Bueno, pues: ¿Dónde cojones está ese yo? ¿En qué momento lo dejé atrás? Se supone que uno crece, y que cuando lo hace madura, se enfrenta, sabe que la vida es lucha, que muchas veces hay que desgarrar como se pueda para conseguir un pedazo... Bueno, pues ¿qué me ha pasado? No consigo entender cómo he llegado a tomar esta actitud de tal manera que me domine.
Y entonces miro a mi alrededor, o simplemente pienso en vosotros, personas que no conozco y que sé que se enfrentan a esa voz que atrona fuerte, que se reponen y hacen lo que tienen que hacer aunque les de miedo... Y siento admiración, os admiro porque yo lo he olvidado. Y no sé como recuperarlo.

jueves, 23 de enero de 2014

Mi Fuego Fatuo.

"...y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray."



Para todos aquellos desviados del camino, para todos aquellos que leyeron mal las estrellas y ahora se encuentran perdidos en su propia oscuridad.  Para todos los que como yo, vagan con destino incierto, abocados por una falsa ilusión, sometidos por un falaz sueño... un sueño que nunca se cumple. Un sueño que duele más que la propia realidad. 






martes, 21 de enero de 2014

¿Diario?

Para mi la Nieve ha significado tanto; no tengo mucho contacto con ella, sinceramente, vivo en Madrid capital, así que de nieve, poco... pero significar, eso es distinto. La nieve sobre mi. Cayendo. Miras hacia arriba y copos. Copos lentos en suspensión, y su silencio. Siempre que nieva hay silencio, bendito y sagrado. Para mi la nieve es paz, para mi la nieve es muerte. Hablo de una "muerte" momentánea, instante espectral. No sé por qué, siento la tranquilidad y el deseo de que el ahí y el ahora no se acaben nunca. Embotellé un instante con nieve en mi memoria y desde entonces siempre que necesito ese espacio, la descorcho. Como ahora.
Es tarde y no puedo hablar con nadie. Debería de estar estudiando, pero supongo que uno se acostumbra a no cumplir, se acostumbra al agobio y a la responsabilidad y es cuando ya no surten efecto. Me pregunto si perdí el talento, además de la voluntad (cosa que sí tengo por segura).
Una vez intenté explicarle a un tío con el que había quedado lo que significaba la nieve para mi y se quedó con cara de sota. Simplemente tuve un desesperado intento de conectar con alguien y hacerle saber que en la intimidad es un refugio al que recurro a menudo. No suelo explicar esas cosas, aclaro, pero era un intento de charla pseudo intelectual. Intento vano.
He pensado en la nieve, la he invocado ahora, aquí, en mi salón, para mi. Odio los tópicos de las etapas de la vida, ¿qué cojones? No hay etapas universalmente sociales si eres un poco distinto al resto del rebaño. Cualquiera me diría que estoy pasando una mala etapa, y que es normal, y que todo el mundo las pasa y las tiene, que soy joven y bla bla bla... No son etapas, no, son circunstancias que se amontonan, que no se liquidan unas, y otras que surgen nuevas. Son situaciones que uno se crea y que le vienen. Son actitudes que deberías de tomar y decisiones equivocadas. Eso son, conectado todo entre sí, continuo y circular. No etapas. La vida no puede dividirse en etapas objetivas y cortes temporales científicos. Hay jóvenes ancianos, hay adultos niños que se escapan a la norma impuesta por las etapas establecidas que toda persona en esta sociedad debe pasar. Me desvío del tema, pero sólo para reafirmarme a mi misma que "mis etapas" ya no se corresponden con mi edad, no con mis decisiones, no con mi actitud, ni con mi mirada. Que invoqué a la nieve porque necesitaba escapar, que mi tiempo no fluye, que me he quedado estancada en un limbo que para colmo no es amable, no es una quietud blanca y serena como la que yo añoro en mi recuerdo. Estoy perdida en un limbo gris. Juro que he intentado salir, pero se ve que necesito más tiempo. Necesito un cambio y lo fuerzo, intento moverme de sitio con los pies llenos de cemento. Exacto, finalmente no me he movido, aunque lo creyera, sigo estando exactamente ahí y para colmo he forzado algo para que volviera (realmente nunca se movió, ni la situación, ni yo, ni mis actos, ni nada) a su punto de partida y a mi sólo me ha dejado exhausta. Imposibilidad. Imposibilidad por que no sé cómo hacer. Porque todo es duda, porque la serenidad se me ha escapado y sólo queda una agitada inquietud errática. El caso es que sé que no necesito ayuda, que esto es entre yo y sólo yo. Por eso, por eso intentaba recurrir a mi nieve: ¡Pon un poco de orden! ¡Cae! ¡Adormecerme con el vaivén de los copos! ¡Arrúllame con tu canto mudo de cuna!... Pero no. No. Por primera vez la nieve no ha acudido a mi. Ha muerto ella también en la niebla del limbo gris. Ha muerto en mi recuerdo. Estoy horrorizada. Ya no me sirve. ¿Y dónde me refugio yo ahora?