Para mi la Nieve ha significado tanto; no tengo mucho contacto con ella, sinceramente, vivo en Madrid capital, así que de nieve, poco... pero significar, eso es distinto. La nieve sobre mi. Cayendo. Miras hacia arriba y copos. Copos lentos en suspensión, y su silencio. Siempre que nieva hay silencio, bendito y sagrado. Para mi la nieve es paz, para mi la nieve es muerte. Hablo de una "muerte" momentánea, instante espectral. No sé por qué, siento la tranquilidad y el deseo de que el ahí y el ahora no se acaben nunca. Embotellé un instante con nieve en mi memoria y desde entonces siempre que necesito ese espacio, la descorcho. Como ahora.
Es tarde y no puedo hablar con nadie. Debería de estar estudiando, pero supongo que uno se acostumbra a no cumplir, se acostumbra al agobio y a la responsabilidad y es cuando ya no surten efecto. Me pregunto si perdí el talento, además de la voluntad (cosa que sí tengo por segura).
Una vez intenté explicarle a un tío con el que había quedado lo que significaba la nieve para mi y se quedó con cara de sota. Simplemente tuve un desesperado intento de conectar con alguien y hacerle saber que en la intimidad es un refugio al que recurro a menudo. No suelo explicar esas cosas, aclaro, pero era un intento de charla pseudo intelectual. Intento vano.
He pensado en la nieve, la he invocado ahora, aquí, en mi salón, para mi. Odio los tópicos de las etapas de la vida, ¿qué cojones? No hay etapas universalmente sociales si eres un poco distinto al resto del rebaño. Cualquiera me diría que estoy pasando una mala etapa, y que es normal, y que todo el mundo las pasa y las tiene, que soy joven y bla bla bla... No son etapas, no, son circunstancias que se amontonan, que no se liquidan unas, y otras que surgen nuevas. Son situaciones que uno se crea y que le vienen. Son actitudes que deberías de tomar y decisiones equivocadas. Eso son, conectado todo entre sí, continuo y circular. No etapas. La vida no puede dividirse en etapas objetivas y cortes temporales científicos. Hay jóvenes ancianos, hay adultos niños que se escapan a la norma impuesta por las etapas establecidas que toda persona en esta sociedad debe pasar. Me desvío del tema, pero sólo para reafirmarme a mi misma que "mis etapas" ya no se corresponden con mi edad, no con mis decisiones, no con mi actitud, ni con mi mirada. Que invoqué a la nieve porque necesitaba escapar, que mi tiempo no fluye, que me he quedado estancada en un limbo que para colmo no es amable, no es una quietud blanca y serena como la que yo añoro en mi recuerdo. Estoy perdida en un limbo gris. Juro que he intentado salir, pero se ve que necesito más tiempo. Necesito un cambio y lo fuerzo, intento moverme de sitio con los pies llenos de cemento. Exacto, finalmente no me he movido, aunque lo creyera, sigo estando exactamente ahí y para colmo he forzado algo para que volviera (realmente nunca se movió, ni la situación, ni yo, ni mis actos, ni nada) a su punto de partida y a mi sólo me ha dejado exhausta. Imposibilidad. Imposibilidad por que no sé cómo hacer. Porque todo es duda, porque la serenidad se me ha escapado y sólo queda una agitada inquietud errática. El caso es que sé que no necesito ayuda, que esto es entre yo y sólo yo. Por eso, por eso intentaba recurrir a mi nieve: ¡Pon un poco de orden! ¡Cae! ¡Adormecerme con el vaivén de los copos! ¡Arrúllame con tu canto mudo de cuna!... Pero no. No. Por primera vez la nieve no ha acudido a mi. Ha muerto ella también en la niebla del limbo gris. Ha muerto en mi recuerdo. Estoy horrorizada. Ya no me sirve. ¿Y dónde me refugio yo ahora?
Tus refugios van cambiando. De forma, de lugar. Y si hace mucho que no acudías, quizá la entrada esta oculta. Quizá metiste contigo lo que no querías llevar. Quizá te haga falta nieve física...
ResponderEliminarAunque no te guste el frio. Aunque tengas que madrugar. Aunque se te congelen las manos y no puedas escribir...
Quizá se te congelen las ideas y consigas ese momento en suspensión y silencio que tanto anhelas donde poder ordenar el caos y la incertidumbre que te invade.
Solo tu sabes que te pasa y ni con todas las palabras del mundo podrías ni al más erudito transmitirle la dimensión e intensidad de tus ideas, ya que estas son según tu experiencia, y la otra persona intentara en el mejor de los casos entenderte a través de las suyas, y hay quien nunca ha necesitado silencio.
Ahora, a dormir.