lunes, 17 de febrero de 2014

Esperando marzo. Esperando el cambio

Siempre odié febrero. Me parece un mes de mierda. Sé que suena bastante contundente, pero es cierto. Siempre me pareció un mes que estorbaba, desde pequeña, siempre con ganas de que pasase ¿para qué sirven los meses que no anuncian nada? Meses sin sustancia. Enero suena a un nuevo comienzo, a invierno. Marzo suena a primavera, a volver a despertar todo eso que tanto tiempo permanecía dormido. Pero ¿a qué cojones suena febrero? No suena a nada. Suena a simple y llana transición. Odio las transiciones. Me gustan los extremos, las cosas claras u oscuras... lo mismo me pasa con los meses. Odio las transiciones porque quizá estoy sumergida en la mas grande a la que me he enfrentado hasta ahora, en pleno proceso de capullo y muy lejos de ser mariposa. Si enero es negro y marzo es blanco... febrero es gris. Febrero es gris. Febrero es gris. ODIO FEBRERO. Si enero me pareció un comienzo de año peliagudo febrero sólo ha terminado con mi paciencia.Y espero marzo, espero marzo como agua de mayo. Puto mes de 28 días que se me está haciendo igual de largo que una condena. 
Un mes en el que he perdido tanto ( iba a decir todo, pero todo no al fin y al cabo) y no cosas precisamente de las que uno se alegra perder, hablo de esas pérdidas liberadoras. No. Me he perdido un poco más a mi, cada vez que intento salir de este estanque de mierda me embarro más, y no veo cómo salir en forma de flor de loto. 
Espero marzo, y quien espera lo mucho espera lo poco así que en el fondo, si sale mal sé que no me hundiré más al desilusionarme, porque simplemente por ser marzo estaré igual de hundida en mi hoyo pero no más, estaré igual, sólo que más reconfortada, acurrucada esperando la primavera en mi, al fondo a la derecha. 

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